Sinopsis
El autor trata de plantear el tema con honradez. Puede dar la impresión de que la Teología de la Liberación está muerta porque ya casi no se habla de ella ni es objeto de controversia. Sin embargo, sigue activa en diálogo leal con esta nueva época desde la perspetiva de los explotados y excluidos.
Su crisis deriva de dos frentes: la disminución de agentes pastorales comprometidos con ella y la necesidad de que los militares y hasta los mismos teólogos vayan superando la relación ilustrada con la gente popular y se sitúen además a la altura de los tiempos.
Estamos ante circunstancias mundiales y eclesiales distintas. La respuesta, pues, también ha de ser diferente. Pero la tarea sigue siendo la humanización de las personas y de la sociedad. El evangelio y la fe cristiana tienen una palabra liberadora que ofrecer a todos los que buscan y ansían otro mundo que se parece muy poco al actual.
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